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Andreina Gil: testimonio de lucha contra el cáncer de mama

“Me habían dicho que iba a perder mi cabellera durante el proceso, pero no había caído en cuenta de lo que realmente estaba afrontando hasta el día que me sucedió. Cuando me vi en el espejo y note que ya no tenía cabello, fue que entendí, por primera vez, que estoy luchando contra este padecimiento. En ese momento, lloré. Pero al verle la cara a mi mamá, también comprendí que debía asumir lo que me estaba pasando y que era preciso ser más fuerte que nunca”, cuenta la venezolana María Andreina Gil Ovalles, arquitecto y orfebre  de 37 años, paciente de cáncer de mama.

María Andreina Gil asegura que siempre fue cuidadosa con su salud. De hecho, comenzó a chequearse los senos con un mastologo desde que tenía 19 años. En ese entonces le encontraron un fibroadenoma o tumor benigno en uno de sus senos. A los 27 años, volvió a tener otra lesión de ese tipo. Sus visitas al médico eran hasta dos veces al año para confirmar que todo estuviera en orden. Afirma que sólo dejó de asistir a la consulta un año, cuando su mastólogo de confianza falleció y debió encontrar otro que lo reemplazara.

“Hace cuatro años me casé y mi vida empezó a cambiar. No dormía bien, no comía bien y, ahora, reconozco que tampoco había estado respirando bien. Quería ser madre y empecé a evaluar esa posibilidad. En 2015, quedé en estado, pero tuve una perdida. Desde el año pasado a este, se presentaron otras situaciones que terminaron empeorando mis niveles de ansiedad y estrés”, comenta en forma reflexiva. “Parlamente, en estos últimos cuatro años, también me detectaron cuatro fibroadenomas. Por eso, quise saber por qué eso me sucedía. Los fibroadenomas son lesiones que se convierten en una mala señal cuando cambian de forma y duelen. Una de esas lesiones requirió operación el año pasado, así que me hicieron una intervención. En ese momento fue cuando determinaron que algo no estaba bien en ese seno”.

La última operación que le realizaron a Gil en Barquisimeto con la idea de atender algo que supuestamente no representaría mayor problema, reveló algunos síntomas que hicieron que el galeno a cargo considerara necesario efectuar una biopsia. “Cuando me dijeron que tenía cáncer de mama, sentí que el mundo se me vino encima. Oía que la gente hablaba a mi alrededor, pero no entendían lo que decían. Estaba en shock. Luego, alguien me preguntó que si ya era madre y cuando respondí que no, comentó que era una pena, porque no podría tener hijos después de esto. Posteriormente, otra persona me aseguró que el tratamiento era muy costoso, eso en caso de que pudiera acceder a esa posibilidad. Me desesperé y lloré. Me pregunté: '¿Por qué si soy una persona responsable con mi salud me sucede esto?'”, recuerda.

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María Andreina Gil Ovalles junto a su madre Flor Ovalles

Gil recobró la calma y decidió llamar a su mastólogo de confianza en Caracas, el doctor Javier Soteldo, para pedirle una consulta. “Lo primero que hizo el doctor Soteldo fue determinar, a través de un examen, si mi caso era de tipo hereditario. Comprobamos que se trataba de un cáncer de origen hormonal. En ese punto, comenzamos a planificar los siguientes pasos”, repasa.

A Gil le efectuaron una operación en la que le extrajeron dos ganglios afectados y no requirió de cirugía reconstructiva en su seno. “Tuve la posibilidad de realizarme una radioterapia intraoperatoria de electrones, novedosa en el país, porque aquí no se contaba con el equipo. Ahora, estoy afrontando el proceso de la quimioterapia”, apunta.

Para Gil la situación no ha sido sencilla, pero se siente optimista. “Mi pareja además de que no quería apoyarme económicamente en este proceso, me pidió el divorcio y me dejó. Así que he tenido que pedir ayuda por todas partes, incluso por redes sociales. Afortunamente, he recibido colaboración de mucha gente, de instituciones públicas y privadas. Ahora, siento que no soy sólo la hija de Flor Ovalles, sino que soy la hija, la hermana, la nieta y la amiga de mucha gente que se ha sumado a mi lucha. He descubierto que la gente da lo que quiere y puede, me refiero a lo humano”, revela.

Sostiene Gil que, aunque su pareja la abandonó en medio de este proceso, tiene la fortuna de contar con una madre y con una familia que la respalda. “En mi hogar estamos acostumbrados a dar amor, cariño y abrazos, lo que ahora tiene cada vez más sentido para mí en esta etapa de mi vida. ¿Qué cómo me siento? Por ese lado, el emocional, bien. A veces lloro, porque soy humana y a veces no puedo ser lo fuerte que quisiera. Tengo mis momentos. Ahora, físicamente, lo que me siento es cansada. Cualquier pequeño esfuerzo, se convierte en grande”, dice.  

En su casa, Gil cuenta con todo el apoyo de su familia, que se esmera por ayudarla en todo sentido, en este periodo en el que no puede valerse por sí misma. No obstante, asegura que la gente, en general, no está educada para entender a un paciente oncológico y que, sobre todo, lo percibe cuando sale a hacer diligencias personales y debe recorrer la ciudad. “Quiero hacer una campaña de sensibilización que le enseñe a las personas como pueden colaborar con alguien que padecemos esta enfermedad. Entiendo que todo el mundo tiene miedo, también tengo miedo, aunque nuestros miedos sean diferentes. Esta sociedad es solidaria, pero hace falta más conciencia para poder asumir acciones en la cotidianidad”, señala.  

En este tiempo que ha debido afrontar el cáncer de mama, ocho meses apróximadamente, a Gil le ha sorprendido la cantidad de personas con las que se ha encontrado que padecen esta enfermedad. “Son más de 500 personas donde me tratan medicamente. Algunos de ellas están solas, cuando el amor de los seres queridos es fundamental en estos casos. Dar apoyo no tiene nada que ver con la situación del país. Se trata de ser más humanos. Eso es lo que quisiera que todo el mundo internalizara”, indica.

Se pasa la mano por la cabeza y se acomoda el tapabocas que lleva colgado en el cuello, ese que la protege de los virus oportunistas que podrían afectar la frágil condición de su sitema inmunológico en este momento. "Me han regalado muchos pañuelos y pelucas. No me gusta usarlas porque me siento incómoda. Ahora no me importa que me vean sin cabello. Ya esa etapa pasó. ¿Cómo me ven los demás? Eso es asunto de ellos. Verme bonita no es mi prioridad en este momento. Hasta creo que ha sido positivo que deje que mi cabeza al descubierto, porque de esa manera la gente se da cuenta de que estoy luchando contra el cáncer y pueden entender que mi vida no es igual a la de una persona sana ahorita. Quizás sirva para sensibilizar a aquellos que no comprenden mi situación y la de otros pacientes que están viviendo lo mismo que yo". 

María Andreina Ovalles
Instagram: @magobacha29

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