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El venezolano que cocinó en la gala del Premio Nobel

Recientemente, se llevó a cabo la tradicional ceremonia de entrega de los Premios Nobel, en la ciudad de Estocolmo. El reproche más generalizado en esta oportunidad, fue la ausencia, por segundo año consecutivo, de alguna figura femenina entre los galardonados. Sin embargo, un venezolano participó en la gala más esperada y prestigiosa de toda Europa y especialmente, de Suecia, la Semana del Nobel.

Héctor Hernández Franco es un joven que decidió cumplir sus sueños más allá de nuestras fronteras, y para ello salió de nuestro país hace 17 años. Su primer destino fue España y cinco años después se radicó en Suecia.

La noche del domingo 10 de diciembre de 2017, tal como se hace anualmente, los 11 laureados de los Premios Nobel, junto a más de 1300 invitados, fueron agasajados con un banquete por el rey de Suecia, Carlos Gustavo, en el ayuntamiento de la capital sueca.

En esta oportunidad, el chef venezolano, Héctor Hernández Franco formó parte del equipo de 40 cocineros que realizaron el más anhelado y glamoroso banquete del continente europeo.

En exclusiva conversamos con el joven cocinero, apenas unas horas después de colgar la filipina, para conocer de primera mano esta experiencia tan especial. En su voz, ligeramente cansada, aún se percibió la emoción y el entusiasmo de quien ha logrado una de sus mayores aspiraciones.

¿Cómo es la selección de los profesionales que participan cada año en este evento?

“Es sumamente difícil, pues se trata de un acontecimiento con un protocolo muy elaborado. Es una tradición que refleja en gran medida la forma de ser de este país y sus monarcas. El chef principal se elige con un año de antelación, y para él es un gran honor. Trabaja en el menú los 365 días. La carta que se servirá es uno de los secretos mejor guardados de la cocina. Yo deseaba trabajar en esta jornada; lo había querido desde que llegué a Estocolmo. No fue fácil, pero finalmente, en una especie de triangulación, logré introducir mi postulación y fui seleccionado a mediados de octubre. Fueron días de intensa preparación”.

¿Cómo defines la experiencia?

“Para mí fue mágica. Es muy exigente, pero es una vivencia única, que todo cocinero debería experimentar. Primero, conoces y compartes con 40 personas que aportan su conocimiento y destreza, de las cuales aprendes muchísimo. La perfección es el objetivo y hablamos de casi 1500 comensales, cada uno con especificaciones individuales. Imagina un servicio simultáneo en el que, a pesar de ser el mismo menú, cada persona tiene condiciones particulares, que van desde restricciones de azúcar o sal, algún tipo de alergia o intolerancia al gluten o a la lactosa. Había un conjunto de 250 personas, especialmente destinado a garantizar que cada plato llegara al destino apropiado. Cualquier error puede ser devastador”.

¿Qué es lo que hace tan especial esta gala?

“Es una parte muy importante de las festividades del Premio Nobel. Se organiza durante un año. El chef elegido hace tres propuestas de menú, y de acuerdo a varias características se opta por la más adecuada. En esta oportunidad, la inspiración fue la naturaleza nórdica y la época invernal. Obviamente, los ingredientes son todos de temporada. La tradición que envuelve al evento, obliga a todos los involucrados a concentrarse, esmerarse y garantizar la precisión. Lejos de lo que se supone, no se preparan grandes cantidades de cada alimento. Nos agrupamos en equipos y cada uno se encarga de un grupo de asistentes. Por ejemplo, no se hacen 40 litros de una mayonesa; cada equipo procesa pocas cantidades de los elementos de un plato, garantizando que el sabor, la presentación, la elaboración en general sea exacta”.  

Este joven caraqueño nos comentó sobre el privilegio de integrar al grupo de profesionales que este año ofreció la cena de gala y nos detalló el menú que elaboraron el chef principal  Tom Sjöstedt y el chef pastelero Daniel Roos, como a continuación, presentamos:

Alcachofa de Jerusalén prensada y seca, servida con flores de colirrábano condimentado con jengibre y caldo de repollo ligeramente asado.

 

Crujiente silla de cordero, terrina de patata con crema de Svedjan, remolacha amarilla, apionabo salado, ensalada de manzana y salsa de cordero especiada con romero.

 

Bavaroise arándano helado, helado de arándano con tomillo limón, jalea de lima, merengue de lima y merengue de lima.

 

Vinos

Taittinger Brut Réserve

Domini la Cartoixa Formiga De Vellut 2014

Viña Errázuriz Late Harvest Sauvignon Blanc 2016

Coffee & Nobel Museum Tea Blend

Grönstedts Extra Cognac

Facile Punsch

Stenkulla Brunn Mineral Water

Héctor Hernández Franco también nos mencionó que este importante evento está marcando una nueva etapa de su vida, pues se propone iniciar una nueva aventura culinaria, pero relacionada con otros aspectos de la cocina: “No estaré metido en los fogones, pero siempre estaré relacionado con el mundo gastronómico”.

Aprovechamos para preguntarle sobre su percepción de la mesa sueca y otros detalles de su estilo en la cocina: “Considero que en Suecia son muy creativos. Es una cocina muy digna. Si tuviera que hacer alguna comparación, quizá sería con los muebles IKEA, pues su gastronomía tiene las mismas virtudes: sencilla, bonita y funcional. Un sobrio plato de pescado con eneldo realizado al estilo sueco, revela sabores insospechados. Por mi parte, me gusta experimentar. No quiero quedarme en un solo estilo de cocina, ya sea venezolana, sueca, española, o cualquier otra. Hoy en día, la fusión bien estructurada, las propuestas novedosas pero de combinaciones con sentido, es una propuesta que toma cada vez más auge”.

 

El menú se puede degustar en Stadshuskällare, restaurante ubicado en Stadshuset.

Fotografías cortesía: Héctor Hernández Franco

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