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I Registro de Hipertensión Arterial en Venezuela revela hallazgos significativos

El cardiólogo venezolano Juan José Amaro dio a conocer los datos obtenidos a través de la realización de un estudio, efectuado entre el 01 de febrero y el 20 de junio de este año, que analiza la situación de los pacientes que padecen hipertensión en Venezuela, partiendo de una muestra de 4320 personas atendidas en consulta privada.

Los resultados del denominado I Registro de Hipertensión Arterial en Venezuela (RHAVEN) fueron expuestos en medio de un encuentro con representantes de los medios de comunicación nacional, efectuado en la sede de la agencia de comunicaciones Comstat Rowland, ubicada en Las Mercedes, en Caracas, el martes 10 de octubre del presente año.

Un problema serio

Una introducción a cargo del cardiólogo Julio Acosta Martínez, ex presidente de la Sociedad Venezolana de Cardiología, permitió poner en claro la gravedad de la hipertensión como problema de salud. “Se trata de una enfermedad crónica que no tiene cura definitiva cuando es del tipo primario. Por suerte, existen excelentes maneras de controlarla y en los últimos 30 años los progresos en materia farmacológica han sido muy buenos”, sostiene el galeno.

De acuerdo con el doctor Acosta Martínez, es clave que el paciente se tome en serio esta enfermedad y lleve su tratamiento bajo supervisión médica. “La hipertensión arterial puede agravarse con el tiempo y es importante que quien la padece sepa cuál es su condición continuamente. Cuando esta patología no está controlada, puede tener efectos incapacitantes y probablemente letales prematuramente”, asegura.

Equipo multidisciplinario

El RHAVEN fue realizado por un grupo de 32 médicos venezolanos (28 cardiólogos, 3 internistas y una nefrólogo) con reconocida experiencia en el tratamiento de la hipertensión arterial. El equipo contó con el apoyo del Centro de Estadísticas y Matemática Aplicada de la Universidad Simón Bolívar (USB-CESMA) y Laboratorios Nolver. Este equipo de profesionales evaluó a 4.320 pacientes, entre 20 y 90 años de edad, que asisten a consultas médicas privadas en siete ciudades de Venezuela: Caracas, Cumaná, Maturín, Porlamar, Puerto La Cruz, la Guaira y Valencia.  

El doctor Amaro asevera que lo novedoso de este estudio está en la recolección de la información, pues se hizo vía Internet. “Se utilizó un formulario online que permitió a los médicos participantes incorporar la data de sus pacientes y armar automáticamente la base de datos con la que fue posible hacer los cálculos estadísticos”, apunta.

Cardiólogos Julio Acosta Martínez y Juan José Amaro

Trascendencia de la investigación

“En Venezuela, sólo el 52,6% de los hipertensos que reciben tratamiento farmacológico con antihipertensivos se encuentran efectivamente controlados, es decir, mantienen sus cifras de presión arterial por debajo de 140/90 mm/Hg, mientras que el 47,3% restante persiste en un rango elevado”, indica el doctor Amaro, tomando como base esta investigación.

En cuanto a la importancia de este trabajo investigativo, el doctor Amaro afirma que permite detectar dónde están las fallas y qué se puede hacer para realizar una mejor detección, tratamiento y control de hipertensión arterial. “Hasta ahora no se disponía de estadísticas reales sino de pequeñas experiencias en estudios internacionales llevado a cabo por personal paramédico”, argumenta.

Datos claves

Con respecto al porcentaje de pacientes controlados obtenidos, el doctor Amaro señala que, aunque se equipara a los mejores del mundo, no debe ser motivo de alegría, pues existe casi otra mitad de personas no controladas que toman antihipertensivos con alto riesgo de presentar infartos, ictus o accidentes cerebro vasculares.

Amaro apunta que del total de los pacientes tratados 76,80% cumple con la medicación y 23,20 %, no. “De los controlados, 94,85 % toman la dosis prescrita y 5,15 % no; mientras que 56,74 % de los no controlados cumple con el tratamiento y 43,26 % lo incumple”, señala el cardiólogo.

Entre los factores asociados al menor control de la enfermedad, Amaro menciona la inercia médica que se da cuando no se indica un cambio en la medicación para alcanzar los objetivos establecidos en las guías nacionales e internacionales, así como la falta de adherencia al tratamiento por parte del paciente que, ante la ausencia de síntomas, lo abandona pensando que ya se curó. 

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