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Dustin Hoffman vivió anoche uno de los peores momentos de su vida

No fue una sino dos y tres veces las que tuvo que tragar grueso anoche el actor estadounidense Dustin Hoffman durante la celebración de los veinte años de la película Escándalo en la Casa Blanca (Wag the dog), de Barry Levinson. 

Esto fue lo que sucedió:

Además de hablar acerca de la película, protagonizada por Hoffman, el presentador de la noche, John Oliver, trajo a colación el tema de los abusos sexuales. ¿Con premeditación y alevosía? Quién sabe. Lo cierto es que Dustin Hoffman fue acusado por la asistente de producción Anna Graham Hinter el 1 de noviembre de haber abusado sexualmente de ella durante el rodaje de la adaptación televisiva de Muerte de un viajante, que tuvo lugar en 1985.

Hoffman, que no se había pronunciado antes, titubeó, trago grueso, articuló algunas frases inconexas, y soltó:  “No conozco a esa mujer, nunca la he conocido, si la he visto alguna vez, fue rodeado de gente”.

Solo que John Oliver ya había hecho su sentencia y disparó: “Es la clase de respuesta que me enfada. Si no muestras ninguna prueba que demuestre que no ha pasado, hubo un periodo de tiempo donde fuiste un asqueroso con las mujeres. Parece que escurres el bulto al decir “no era yo”. ¿Entiendes por qué da esa sensación?”.

Hoffman, visiblemente molesto, explicó al público que nadie le avisó que se iba a abordar semejante tema y preguntó a Oliver: "¿Tú crees lo que has leído?".

"Sí, porque no hay motivo para mentir", respondió el presentador.
"Bueno, tampoco hay motivo para no haberlo dicho en 40 años".

“Oh, Dustin”, remató Oliver, quien explicó que no entendía cómo es que no puede sospechar si quiera que una mujer puede puede sentirse presionada y, por ende, a callar su desgracia luego de haber sufrido una agresión sexual.

“Lo fácil para mí habría sido no traer nada de esto a colación. Desgraciadamente eso luego me hace odiarme a mí mismo cuando llego a mi casa. (…) Nadie se enfrenta a los hombres poderosos”, remató Oliver ya para finalizar.

Solo que ya Hoffman no quiso hacer silencio. “¿Yo soy el hombre poderoso?. Tú no estabas allí”, dijo.

Y Oliver terminó: “Me alegro por ello”. 

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