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Arte

Carlos Raúl Villanueva, “El Arquitecto”

Así solía firmar muchos de sus planos y documentos, el que luego sería reconocido como uno de los más grandes exponentes de la arquitectura moderna. Su obra más emblemática: la Ciudad Universitaria de Caracas es declarada el 30 de noviembre del año 2000 por la UNESCO, patrimonio cultural de la humanidad.

Este insigne arquitecto de quien hoy conmemoramos 42 años de fallecido, fue reconocido como un venezolano integral. Nació el 30 de mayo de 1900 en Inglaterra; fue el quinto y último hijo  de Paulina Astoul y de Carlos Antonio Villanueva, cónsul de Venezuela  en Londres. Es el único hijo de la pareja a quien el destino reclama  volver a su patria de origen.

Se gradúa en educación media en El Lycée  Condorcet de Paris, en 1912, matriculándose luego en la Ëcole Nationale Supérieure des Meaux.Arts de Paris, en 1921. Irónicamente, sin embargo, Carlos Raúl Villanueva tiene que esperar un año más, después de inscribirse, para poder ser aceptado, ya que la escuela de artes exigía un nivel de  técnica en  dibujo, que el aspirante Villanueva de ese entonces, todavía no poseía.

Gran exponente y protagonista del nacimiento de la arquitectura moderna

Su primera aparición en la vida pública  como arquitecto, fue en Paris en 1937, gracias a su participación en una exposición internacional  de las artes y las técnicas. Además de su excelente formación académica, Villanueva se destacará por su inclinación hacia el arte y la historia. Participando en los efervescentes debates del Paris de aquellos tiempos en donde el arte adquiría nuevas formas de expresión.

Es en esta época de su vida donde se inicia su basamento para la proyección y construcción de una ciudad universitaria.  La fortuna le depararía compartir, durante el mismo tiempo y espacio, con los más importantes arquitectos modernos y las más avanzadas técnicas en construcción caracterizadas todas ellas, por la búsqueda de una arquitectura que fuese producto de la industrialización y la racionalización en  los  procesos constructivos.

Villanueva es influenciado por grandes arquitectos contemporáneos, quienes representaban la síntesis de la indagación y la experiencia racionalista de la arquitectura post guerra de los años 20, de la Bauhaus dirigida por Walter Gropius, los arquitectos Mies van der Rohe y Marcel Breuer; así como el artista Lászlo Moholy Nagy, entre otros representantes de esa sólida escuela, y por otros relevantes arquitectos de la época,  sobre todo por Le Corbusier de quien, según sus propias declaraciones, admiraba la claridad de sus conceptos, la fuerza de sus intervenciones y su manera tan sencilla de atacar todos los problemas; Villanueva poseía una honestidad casi agresiva en su valiente sinceridad.

Una fortuna para Venezuela

Tras haber recibido el título de arquitecto en 1928, Carlos Raúl Villanueva viaja a Venezuela por primera vez; se hospeda  en la casa de sus tías, ubicada en La Pastora y aprovecha visitar las propiedades que la familia Villanueva poseía en San Carlos, estado Cojedes.

Luego, decide irse a trabajar un año a los Estados Unidos, con su hermano Marcel en unos proyectos para edificaciones educativas, pero regresa a Venezuela al año siguiente con la intención de establecerse definitivamente en el país. Esta decisión implica para él un nuevo nacimiento desde el  punto de vista psicológico y social, ya que se verá obligado a aprender a leer y escribir en castellano, aclimatarse a una nueva geografía tropical y, finalmente, amoldarse a una sociedad eminentemente rural.

Su primer trabajo en Venezuela fue a las órdenes del Ministerio de Obras Públicas (MOP) durante el régimen dictatorial de Juan Vicente Gómez, con quien su familia tenía estrechas relaciones. Carlos Raúl Villanueva inicia así lo que será su primera época en Venezuela, caracterizada, en líneas generales, por una utilización ecléctica de elementos arquitectónicos: neoclásico, morisco y colonial, combinados con las fórmulas académicas la escuela de Beaux Arts. A este periodo pertenecen, entre otros proyectos, la Sede del Banco Obrero, El Hotel Jardín, la Plaza de Toros de Maracay, así como los museos de Bellas Artes y Ciencias Naturales y la Plaza de la Concordia en Caracas.

Este venezolano de formación europea pero de corazón criollo, dejó en Venezuela huellas de lo que sería el paso de la Venezuela rural a la Venezuela del modernismo del siglo XX.

Siendo director del MOP, Villanueva participa directamente en la intensa actividad desarrollada por el estado para hacer, primero de Maracay y luego de Caracas, unas ciudades modernas. Es esta época remodela el parque Carabobo, que antiguamente se llamaba plaza la Misericordia. Para ello contó con un grupo escultórico para su fuente y es de ahí dónde nace la fructífera relación de trabajo y de amistad con el escultor Francisco Narváez. Esta participación es la primera de una serie de intervenciones artístico-urbanas integradas a la arquitectura de Villanueva; rasgo premonitorio de lo que será su máxima obsesión: la síntesis entre las Artes Mayores.

Simultáneamente, Villanueva se introduce en la vida social y cultural caraqueña, estableciendo fuertes lazos de amistad con Alfredo Boulton, Arturo Uslar Pietri, Guillermo Meneses, Sofía Imber, Jesús Soto, Armando Reverón, por mencionar algunos de los intelectuales y artistas con mayor renombre en el ámbito Venezolano, a los que Villanueva solía frecuentar.

Así conoce a su esposa: Isabel Margarita “Margot” Arismendi. Hija del reconocido y acaudalado urbanizador, Juan Bernardo Arismendi. De él aprendería del negocio de la construcción. Luego de un noviazgo de pocos meses, Villanueva le ofrece matrimonio. Margot solía decir con humor, que lo hizo porque ella hablaba bien francés,  y lo cierto es que el maestro Villanueva pensaba en francés. Así que el 28 de enero de 1933, contraen matrimonio hasta que la muerte del arquitecto, el 16 de agosto de 1975 los separa. De la unión concibieron cuatro hijos,  dos de ellos arquitectos también.

El “Estilo” Villanueva

A pesar de su inclinación por ubicación de clase, por formación y cultura, Villanueva se alejó de un sector determinante de la realización arquitectónica: el sector del “nuevo riquismo” y de lo “rimbombante”. Su sentido casi espartano del espacio lo inclinaban a la arquitectura bella y funcional; aunque el hecho de trabajar en obras públicas y para el estado, ciertamente, le hubiesen permitido saltarse de pequeñas contingencias económicas, Villanueva supo cultivar, con especial esmero, una relación extraordinariamente comprensiva y perceptiva de la tradición colonial y popular, y supo entender el clima físico y anímico del país.

Más que esbozar una filosofía o estilo único, se regía por ciertos principios que lo guiaban en su trabajo: consideraba que lo que el hombre tenía que expresar era la interioridad de la cual gozaba. Consideraba el lugar físico como el espacio privilegiado de la composición. Articulaba “la caja volumétrica” y calculaba y concretaba la estructura portante.

Gracias a su legado Venezuela queda inscrita en el mapa mundial de las obras de la Arquitectura Moderna del Siglo XX.

Villanueva vibraba con el color y la textura; y experimentaba con las pulsaciones de las instalaciones de energía - herramientas de los servicios mecánicos-. Creía en las virtudes cartesianas de la lógica y la coherencia  y una intemporal y súper efectiva utilidad era la primera ley por la que se inspiraba para proyectar.

El ejercicio profesional de Carlos Raúl Villanueva estuvo inevitablemente ligado a la situación económica y política de Venezuela, básicamente porque se dedicaba a proyectar monumentales obras públicas, pero no sería justo si dejásemos de mencionar aquí, que igualmente el hecho de trabajar “indirectamente” con la autocracia,  le trajo al arquitecto varias trabas; desde boicots, sabotajes y amenazas, incluso, durante la construcción de la Ciudad Universitaria.

El “Campus” de la Ciudad Universitaria fue y seguirá siendo clave en la arquitectura venezolana, donde los conceptos de: Plan Maestro, las soberbias propuestas a las diferentes edificaciones, así como esa integración de las artes plásticas con las obras arquitectónicas forman parte de ese matrimonio que perdurará en el tiempo.

No sólo por su descomunal obra creativa, sino también por el compromiso con su labor docente, Carlos Raúl Villanueva es sinónimo de la Universidad Central de Venezuela. Una vez concluidas sus obras capitales el maestro dedicará sus esfuerzos a fortalecer más el área académica y docente.

Fue profesor del departamento de arquitectura adscrito a la escuela de Ingeniería Civil de la Universidad Central de Venezuela, donde desarrolla una amplia labor en pro del ascenso de la arquitectura como una especialidad profesional en el país, ya que para la época no existía en las universidades venezolanas la carrera de arquitectura Aquellos que deseaban ser arquitectos debían estudiar ingeniería y luego hacer postgrados fuera del país.

Su agudo sentido del humor, junto a su inexorable prosodia francesa, fue la característica que más resaltó entre sus estudiantes de las cátedras de Urbanismo e Historia, Teoría de la Arquitectura y de la Ciudad,  así como jefe de uno de los talleres de Composición Arquitectónica.

Cuatro años de silencio para el Big Ben

Desde el 21 de agosto de 2017 hasta 2021 se callarán las campanas del Big Ben. El edificio más icónico de Londres comenzará un arduo y minucioso proceso de restauración y limpieza, informó la Cámara de los Comunes. “La serie de trabajos que se van a realizar ayudarán a salvaguardar el reloj a largo plazo, así como a proteger y a preservar su casa, la Elizabeth Tower”, explicó el guardián del reloj del Big Ben, Steve Jaggs.

Los martillos que daban las campanadas serán desconectados, mientras que la estructura de hierro fundido se renovará y las manecillas serán sustituidas. Sin embargo, el reloj funcionará gracias a un motor eléctrico que se instalará mientras reparan el corazón original. La torre, realmente llamada Elizabeth Tower, también será renovada.

El Big Ben lleva 157 años dando la hora

No obstante, el Big Ben sonará en fechas especiales, como el año nuevo y el Remembrance Sunday. No es la primera vez que el edificio es sometido a este tipo de mantenimiento. Entre 1983 y 1985 sucedió su primera restauración y luego en 2007 pero por un par de meses.

Depende del ángulo, su forma cambia y muestra una anatomía sinigual. El puente San Shan (“tres montañas” en español) fue construido por el estudio Penda y la firma Arup y servirá como uno de los enlaces turísticos de los próximos Juegos Olímpicos de Invierno de Beijing 2022. La estructura está pre-tensada con una doble hélice que cruza el río Gui en China.

El puente está inspirado en los anillos olímpicos y están unidos con el propósito de evocar el precioso sistema montañoso de la zona de Zhangjiakou, donde se celebrarán los juegos al aire libre. El puente tendrá 452 metros de largo e incluirá cuatro carriles para autos, dos carriles para bicicletas y carriles peatonales separados del tráfico por una sección “verde” de setos.

Los aros tienen una expansión de 95 metros y están hechos de acero tubular

“El proyecto parece una cadena de ADN en forma de puente. Además, tiene cinco veces menos acero que un puente de viga convencional”, afirman los arquitectos Chris Precht y Sun Dayong, directores de Penda. Se espera que San Shan esté operativo para 2019 durante la expo Horticultural de Beijing.

Jonathan Carvallo se ha inspirado en sus constantes idas y venidas desde la capital hasta el litoral para crear su próxima muestra “Entre Caracas y La Guaira”, la cual se estará exhibiendo a partir del domingo 13 de agosto en La Caja del Centro Cultural Chacao.

Carvallo afirma que la muestra nace para plasmar “ese anhelo de salir de la ciudad y escapar al espacio marino y, luego, la necesidad de retornar a ese espacio urbano”. Carvallo realiza ese recorrido frecuentemente gracias a su afición por el surf, deporte que practica desde los 15 años.

“La muestra es una instalación que está articulada en diversos formatos en la que hay ensamblaje, escultura y otras instalaciones más pequeñas”, comenta sobre la exposición. “Desde la creación trato de replantear cosas que no son tan evidentes”, asegura.

Silo | Fotografía: cortesía

El artista se vale de objetos y referencias visuales del recorrido entre Caracas y La Guaira, las cuales trabaja desde la ironía, para mostrar el contraste entre el paisaje natural y el urbano. De igual forma, plasma distintas nociones que tienen que ver con el arte, la sociedad, la cultura y el ambiente.

Una de las instalaciones presente en la muestra recibe el título de “Colección urbana del Brujo de Yaracuy”, la cual toma como referencia la famosa obra “Brujo del Estado Yaracuy” (1978) del artista Claudio Perna.

“En esa obra sale un campesino con una guayabera y unas sandalias. Yo tomo esa indumentaria para hacer una colección en la cual las paredes de la ciudad sirven como vitrina para mostrarla”, comenta. “(Así mismo) tomo la moto como un elemento que ha modificado el transitar en la ciudad y la percepción del espacio, para bien o para mal”.

Entre sus referencias artísticas se encuentra el maestro Reverón por lo que la búsqueda de la luminosidad también está presente en sus obras. “Me valgo del material reflexivo, que tiene la cualidad de rebotar la luz y la utilizo como un elemento que incite al espectador a moverse en el espacio, a recorrer la muestra”, comenta.

También destacan obras que constan de imágenes que han sido intervenidas con tirro. “Para mí el tirro tiene que ver con una necesidad de intervenir la imagen. Me encantan las transparencias, los colores que me permite, la negación cuando cubro y la exaltación cuando descubro”, comenta.

“Espero que la gente asista y entre en contacto con la obra de manera directa y no a través de imágenes. Es importante interactuar con la materia y el sonido de la muestra” asegura. El público podrá asistir a partir del 13 de agosto hasta el 17 de septiembre, en La Caja del Centro Cultural Chacao, en la Avenida Tamanaco de El Rosal. El horario es de martes a sábado de 1:00 a 7:00 p.m., domingos de 11:00 a.m. a 5:00 p.m. La entrada es libre.

Fotografías: Cortesía 

 

Moisés Guevara le dio vida al Trasnocho Cultural

Moisés Guevara, gerente cultural venezolano, productor, director y actor de teatro, falleció el viernes pasado a los 50 años, tras sufrir un infarto en su apartamento, ubicado en la urbanización El Cafetal, en Caracas.

La noticia fue confirmada ayer a través de la red social Twitter por Douglas Palumbo, productor teatral y amigo personal, quien encontró el cuerpo sin vida de Moisés Guevara el domingo.

“A Moisés Guevara hay que tenerle un gran agradecimiento”, dice el dramaturgo venezolano José Tomás Angola.

“Fue él quien construyó el Trasnocho Cultural”, agrega el autor de piezas como Bombardeos sobre Londres y Los legajos del Marqués, quien se refiere a que Guevara se encargó de la programación del centro cultural ubicado en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes desde su inauguración y por un lapso de once años.

“Lo mejor es que Moisés siempre estuvo muy abierto a todos los hacedores de teatro. No fue un hombre sectario, de grupúsculos ni roscas, más bien le daba oportunidad a todos los que, consideraba, podían ofrecer buenas piezas. No programaba únicamente el trabajo de sus amigos, y creo que por esa razón mucha gente lo recuerda con cariño”, explica Angola, quien recuerda que Moisés Guevara se inició como productor, luego pasó a ser actor y, sin grandes estudios pero “sí guataqueando mucho”, “logró convertirse en un director con un sentido plástico y artístico sumamente interesante, que prestaba atención sobre todo al patrón artístico, al vestuario y a la iluminación”.  

Y Edgar Moreno Uribe lo confirma: “Exactamente: Moisés Guevara fue un gerente cultural sumamente valioso. Venía de trabajar con (José Ignacio) Cabrujas en el Teatro El Paraíso y toda esa experiencia adquirida la trasladó al Trasnocho Cultural, donde puso en marcha la programación durante once años, dándole espacios a todos. Él estaba involucrado en todo: elegía las piezas, montaba algunas… Por esas salas pasaron muchísimas agrupaciones. De la razón por la cual salió de allí no vale la pena hablar en este momento", apunta el periodista, especializado en la fuente teatral. 

Douglas Palumbo, quien conoció a Guevara hace tres décadas, cuando formaba parte del Centro Latinoamericano de Creación e Investigación Teatral (Celcit), cuenta que fue a Moisés Guevara a quien se le ocurrió la idea de que una sala de teatro podía ofrecer dos y tres funciones (incluso de distintas piezas) en un mismo día. "Parece algo muy elemental, pero eso no ocurría, y Moisés comenzó a ponerlo en práctica. Antes se dejaba la escenografía puesta durante todo el fin de semana en una sala. Lo contrario era impensable. Y él propuso que se quitara la escenografía para darle espacio a otra obra. Lo hizo en el Trasnocho y fue un éxito", explica.   

El propio Guevara llegó a decirlo en varias ocasiones: la actuación no era un espacio seguro para él, a diferencia de la gerencia cultural. "El actor debe tener mucho temple, gran fortaleza interior y total confianza en sí mismo. Cuando uno se monta en el escenario o sale a grabar, tiene que estar muy convencido de que lo está haciendo bien. Así mismo, es importante seguir tus instintos y hacerle caso a tu cuerpo. Yo, como actor, no tenía esa fortaleza. Estaba lleno de muchísimo temor e inseguridad".

Lo suyo era entonces la gerencia cultural, que comenzó a ejercer como Coordinador Adjunto en el Celcit. Y el montaje de piezas como Pequeños crímenes conyugales, de Eric-Emmanuel Schmitt;  Salieri: Una gran historia, de Giovanni Reali; Los figurantes, de Alonso de Santos; Educando a Rita, de Willy Russell; La muerte y la doncella, de Ariel Dorfman; Ciertas condiciones aplicanDiógenes y las camisas voladoras, de Javier Vidal, que escenificó en Trasnocho Cultural; y, la última, El festichista, que estrenó en la programación del teatro de 1/4, esto es, el formato de microteatro.

Agusto Nitti, de la nueva generación de actores de teatro, estuvo a un tris de montar una pieza con Guevara meses atrás. Solo que el azar no lo permitió.

“Y sin embargo de esa experiencia me quedé con la de haber conocido a Moisés, de quien me impresionó sobre todo su capacidad para interpretar una obra. La tomaba, la leía con sus actores, y comenzaba a interpretar a los personajes. Trataba de llegar al fondo de lo que había intentado decir el autor, y eso se lo transmitía muy bien a uno.  Era muy bueno analizando la sicología de los personajes,  y también era muy metódico con los colores que quería usar en una puesta en escena”. 

“El otro día me levanté muy temprano preguntándome si yo hacía lo que hacía porque era lo único que aprendí a hacer o porque realmente eso era lo que quería hacer. A mitad de mañana me llegó la respuesta: obviamente hago lo que hago porque aprendí a hacerlo pero lo aprendí porque era lo que quería hacer, ¿se entiende?. He trabajado en muchas áreas del teatro y no me he despedido de ninguna. No he renunciado a actuar ni a producir, ni a ser gerente, ni a dirigir, ni a dar clases. En algunos períodos algunos roles duermen mientras otros se despiertan. En este momento de mi vida hago lo que me gusta y me gusta lo que hago. Creo que eso es la combinación perfecta”, dijo Guevara en una entrevista.

El cuerpo de Moisés Guevara fue cremado el lunes 14 agosto en el Cementerio del Este. Y el martes 15, artistas, dramaturgos, dialoguistas y directores le rendirán homenaje en el Trasnocho Cultural a partir de las 4:00 de la tarde.

 

Carelvis Pulido muestra su "Retrospectiva"

Extracto de una de las obras

Carelvis Pulido, joven artista plástica venezolana estará presentando su obra “Retrospectiva”, a partir del próximo 10 de agosto y hasta el 30 de septiembre de 2017, en los espacios de la Alianza Francesa, sede de Paseo Las Mercedes. La muestra consiste en una sucesión de obras pictóricas que cuentan historias de su vida.

A través del realismo, la artista busca expresar diversas sensaciones utilizando la anatomía de los pies como elemento principal de la muestra. Pulido deja evidencias de su técnica, su instinto y su habilidad para despertar la curiosidad del público. La artista muestra su alma a través de su paso de la niñez a la adultez. 

La exposición cuenta con el patrocinio de la Fundación Latinoamericana del Arte. Así mismo, se contó con la colaboración de la directora y curadora Vera Móttola. Así mismo, la Alianza Francesa asegura que seguirá promiviendo el arte en todas sus formas para seguir fortaleciendo los lazos entre Venezuela y Francia. 

Fotografías: Cortesía 

 

Con una comedia que reflexiona sobre el tema de la identidad abre el festival de dramaturgia europea, “Estación Europa”, en la Caja de Fósforos. Diana Volpe dirige la obra “Sí, pero no lo soy” del español Alfredo Sanzol y la adapta al público venezolano.

“Es una comedia pero tiene su fondo filosófico e irónico”, asegura Ricardo Nortier, uno de los seis actores que integran el elenco. “Habla de las diferentes máscaras que tiene el ser humano y como a veces las personas aparentan una cosa pero son otra. Habla de personajes que están perdidos en la búsqueda de futuro, habla mucho de viajes, de irse y de soñar con un nuevo mundo. Creo que eso conecta a la obra con nuestra realidad”, comenta.

Junto a Carolina Leandro, Carolina Torres, Rossana Hernández, Ángel Pájaro y Giovanny García, Nortier debe interpretar quince historias que se suceden una tras otra a modo de sketches y que se dividen por números musicales.

“Nosotros estamos tratando de hacer una interpretación muy pequeña porque no hay grandes cambios de vestuario ni caracterizaciones. Sino más bien cambios en la energía de los personajes, algo mucho más sutil”, comenta.  

“Lo más difícil es mantener la energía de la obra. Hay unos personajes que hablan más lento, otros hablan más rápido o tienen cierta postura física”, dice sobre las caracterizaciones. “Hay que mantener esa concentración. Pero termina siendo una especie de juego actoral en el que uno se deja llevar”.

El actor asegura que la obra se adaptó para el público venezolano. “Es una obra que está hecha para el aquí y el ahora. No tiene sentido hablar del español o de España. La idea es acercarla al público”.

Sobre los números musicales, Nortier afirma que “le dan dinámica a la obra. Van siendo una especie de hilo conductor. La música ayuda a ser esas diferentes  transiciones. El baile hace conectar al espectador con la música popular y ayuda a contar la historia”.

-¿La identidad no existe?  

-La identidad puede transformarse. No creo que sea rígida. La persona va cambiando con el tiempo y el entorno, con las situaciones. La identidad no es absolutamente estática.

-¿Es difícil aceptar que en un momento dado no somos los mismos de antes?

-Eso es complicado porque surge la nostalgia de lo que fuimos, de lo que dejamos de ser y también  por ese pasado en el que supuestamente fuimos felices y ahora nos parece que somos más tristes, en un sentido más social. Pero creo que todo pasa por la conexión con el aquí y el ahora. Tal vez esa idea de felicidad no existe. No nos podemos quedar en el pasado.

“Si, pero no lo soy” estará en cartelera en el marco de “Estación Europa”, el primer Festival de dramaturgia europea que se estará llevando a cabo en La Caja de Fósforos (Concha Acústica de Bello Monte) desde 11 de agosto.  Reservaciones a través de www.lacajadefosforos.com.ve. Mayor información por el twitter e instagram @LaCajadfosforos y por el Facebook: La Caja de Fósforos.

Fue una gran sorpresa. Un grupo de dibujos del escultor y pintor suizo Alberto Giacometti fue descubierto entre los objetos polvorientos de una tienda de antigüedades de Kensington, al oeste de Londres.

Las obras, que se creían perdidas o vendidas, se encontraban entre el inventario de la dueña de la tienda londinense, Eila Grahame, que murió en 2010.

Seis años después del fallecimiento de Grahame, la casa de apuestas Cheffins, con sede en Cambridge, se encargó de limpiar el establecimiento y vender su colección personal.

Los dibujos, que son bocetos a lápiz de dos caras y un desnudo de mujer fechado en 1947, tardaron en aparecer entre los artículos de Grahame y requirieron un trabajo posterior para autentificar que eran obra del creador.

Un comité de la Fundación Giacometti fue el encargado de estudiar las pinturas y, finalmente, de incluirlas en su catálogo razonado, donde se documentan las obras del artista.

El director de Cheffins, Martin Millard, señaló que "estos dibujos nunca antes se han mostrado al público" y que espera, por ello, que "sean de interés para museos y galerías de todo el mundo y también para coleccionistas individuales".

Las pinturas, cuyo valor está entre 44.400 y 66.000 euros, se subastarán el próximo 12 de octubre en la casa de apuestas y los ingresos de la venta estarán destinados a la Fundación de Arte del Reino Unido.

Hasta ahora, una de las principales ventas de la colección de Grahame ha sido un modelo de corcho del Templo de la Sibila en Tívoli, fechado del siglo XVIII, y que se vendió el año pasado por 58.830 euros.