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Aitor Aguirre: El teatro no cambia la historia

Vendió zarcillos, collares y pulseras en una joyería, pero lo odiaba. Trabajó como vendedor de encajes en la empresa de su padre, pero igual lo detestaba. Luego estudió ingeniería en la Universidad Simón Bolívar, y terminó huyendo de ella. Solo en el teatro, dice, ha logrado hallar refugio. No importa que a ratos se sienta incómodo. Sobre las tablas, Aitor Aguirre se ha hecho un nombre como actor. Y ahora se somete a un nuevo reto: dirigir una de las piezas del Festival de Jóvenes Directores del Trasnocho Cultural, donde el viernes 9 de febrero estrena Modo avión, escrita por Luis Andrés Gómes.

-Si uno busca su nombre en Google, aparece el futbolista español…

-Ese nombre es muy común en España. Aitor Aguirre es un nombre vasco. Allá este nombre es como Juan o Pedro, acá. Por eso es muy común que allá haya un jugador que se llame Aitor Aguirre.

-Ya que no aparece su historia en Google, aprovechemos para que la cuente….

-Nací el 20 de marzo de 1984 en Caracas. Primero estudié Ingeniería de Computación en la Universidad Simón Bolívar, porque era bueno en matemáticas y asumí que debía estudiar esa carrera, pero me fue muy mal. Inicié bien, pero cuando empecé a ver la carrera en sí... me fue mal. No me gustaba para nada. Paralelamente, yo hacía teatro. Comencé en el colegio, luego pasé a la Hermandad Gallega. Era en lo único en lo que solía ser constante, mientras que en lo demás no me hallaba. Entonces decidí dejar la carrera y estudiar teatro en el Iudet, lo que ahora es la Universidad de las artes (Unearte). Te podrás imaginar lo que fue eso en mi casa, cuando dije que no iba a ser ingeniero y que me iba a dedicar al teatro. Aunque ya mi familia se lo veía venir, un poquito porque se notaba mi desánimo en cuanto a la ingeniería. Luego presenté en la Universidad Central de Venezuela (UCV), quedé y empecé a estudiar Artes. Todavía no me he graduado. Me quedé en el síndrome “todo menos tesis”. Estoy en eso, porque comencé a trabajar, trabajar y trabajar, y no he parado.

-¿Cómo fue que llegó al teatro?

-Empecé a hacer teatro en el colegio de la mano de un señor que se llama José Luis Arceo.  Después me gradué en el colegio y él hacía teatro en la Hermandad Gallega, y me reclutó. Allí estuve muchos años y empecé a hacer cursos. Yo soy una persona que se deja fluir mucho. No fue que un día decidí: “Voy a hacer teatro”, y me fui a buscarlo como un demente, no. El río me fue llevando de alguna manera, fluí un poco, y terminé haciendo teatro. O sea que si me lo preguntas…. No sé cómo llegué, pero llegué. Y seguí en ese mismo caudal, porque en los otros no fluía.

-El asunto es que se ha ido labrando usted un nombre sobre todo como actor de teatro… ¿Qué es para usted el teatro?

-Es un lugar donde me siento cómodo muchas veces. Otras veces me siento incómodo. Es un lugar ingrato también, pero a la vez muy grato. Es muy paradójico, porque el teatro te lo puede dar todo, pero también te lo puede quitar todo. He tenido muchas satisfacciones y muchísimas insatisfacciones. Pero es el lugar donde me encontré de alguna manera. Es la actividad, el oficio, al que me dedico, y es donde realmente siento que soy útil o que tengo algo para dar. Cuando estudiaba ingeniería, sabía que no iba a servir para nada.

-Dígame una anécdota buena y una mala que le haya dejado el teatro…

-De los momentos buenos, recuerdo la primera vez que me gané un premio. Eso fue muy importante para mí. Fue uno de esos momentos en los que me dije: “Por aquí es, soy bueno en esto”. Que te reconozcan tu trabajo, es bonito. Esos son momentos especiales, pero tampoco hay que creérselo mucho, porque es un arma de doble filo. ¿Una anécdota negativa? –se ríe- Me caí mientras actuaba en una función, perdí un diente, y ahora tengo un diente falso. Estas situaciones te hacen reflexionar, porque ahí te das cuenta de que nos falta mucho por crecer, porque aunque nuestro trabajo sea reconocido y retribuido, por ejemplo, no contamos con un seguro o con una jubilación.

-Su nombre está en el Festival de Jóvenes Directores. ¿Es en realidad la primera vez que dirige?

-Después de pertenecer al grupo teatral de la Hermandad, formamos Trampañán. Hoy yo soy el director. En los últimos años hemos hecho un show de improvisación que armamos entre todos y lo mostramos en el club. Un show del cual me siento muy contento. Aunque esa labor la veo más como coordinación, porque es como armar el espectáculo y la estructura. Como se trata de un show de improvisación, no hay una dirección tan marcada. También hice dirección en la universidad, pero profesionalmente esta es mi primera vez.

 -Dirige usted la pieza Modo avión, de Luis Andrés Gómez. ¿En verdad usted la eligió o la eligieron por usted?

-Esa pieza me la dio Orlando Arocha. Yo estaba haciendo la obra Al pie de la Virgen con él, en La Caja de Fósforos. Era mi primer trabajo. La obra me la dio a mí y a Ángel Valdivieso, uno de los concursantes de la pasada edición del Festival de Jóvenes Directores, para que ambos organizáramos una lectura dramatizada en el Club House, que es una suerte de taller de discusiones. Pero eso nunca se dio. La obra es una maravilla, porque tiene muchísimas cosas contemporáneas con las que me siento identificado. El personaje principal, por ejemplo, es como un alter ego de mi persona. Y como este año cambiaron las normas del Festival de Jóvenes Directores, y aumentaron la edad de los participantes, me pude inscribir. Orlando me puso en contacto con Luis Andrés (el escritor de la pieza) y él quedó encantadísimo. Ha tratado de montarla en España y no ha podido. Es una obra que, dice él, ha creado por satisfacción mas no por obligación. Digamos entonces que la obra me eligió, yo la elegí, y ambos fluimos…

-¿Qué fue exactamente lo que le llamó la atención de Modo avión?

-Ahora me pregunto por qué decidí asumirla… Es un tema muy contemporáneo: habla acerca de cómo la gente se comunica a través de las redes sociales. Me parece que es algo de lo que hay que hablar, de si es malo o bueno. Es algo que está tan presente en nuestras vidas, las redes sociales, la tecnología. Más allá de criticar, de si está bien o mal, es algo que está presente. Y el teatro tiene que hablar de nosotros y, por qué no, de la actualidad. Por ejemplo: el tema de la interacción que tenemos con los celulares. Son temas de los que hay que hablar. Me parecen interesantes. Yo me relaciono muchísimo con el personaje principal, porque tiene problemas al no saber vincularse más allá de lo personal en las redes sociales. No sabe cómo entrarle a ese mundo.

-Ha dicho usted: “ Vívimos constantemente conectados y alumbrados por nuestras pantallas cuando en realidad estamos cada vez más desconectados  y en la penumbra como sociedad.”

-Fíjate que esa frase se puede tomar como una crítica directa a la tecnología y yo no creo que sea tan así. Yo creo que el problema no es la tecnología, no son las pantallas, sino nosotros. Al final, eso es un reflejo de lo que somos. Las redes sociales están hechas para que las personas se vinculen. El teléfono debería ser algo que nos acerque. Pero somos nosotros los que no nos sabemos vincular.

-Tras las protestas del año pasado, muchos actores, dramaturgos y directores dijeron que “el teatro es una forma de resistir”. ¿Está usted de acuerdo?

-Hoy en día todo lo que hagas en este país es una forma de resistir. Si tú te decidiste quedar, y estás trabajando en una oficina o vendiendo empanadas, es una forma de resistir. Aquí solamente con quedarse y tener las ganas de continuar, ya estás resistiendo. Aquí todo lo que decidas hacer, es una proeza. Hasta conseguir efectivo es una proeza… Aquí todo lo que decidas hacer es admirable. Y es una forma de resistir. Hoy el país está en contra de uno.

-¿Es de los que cree que el teatro puede cambiar la historia?

-No, no lo creo. De alguna manera, nosotros los teatreros vivimos con eso, pero estoy convencido de que no es así. Hoy te digo que es horrible y que no quisiera dirigir, pero me vas a ver dentro de 5 años. Es como que si me preguntaras cómo me siento mejor, ¿actuando o dirigiendo? Yo te diría un millón de veces que actuando. Y por eso seguramente voy a seguir dirigiendo. Intuyo que tiene que ver con eso. Es como que yo estoy convencido de que no cambia la historia, pero a lo mejor lo hacemos por eso... para intentarlo, pero sé que no va a ser…

-¿Qué viene después de Modo avión?

-Viene una obra en la que voy a actuar después de que se termine el festival. La obra se llamaba Mega muerte, pero la autora le cambió el nombre. Es una pieza que se presentará en la Sala Plural de Trasnocho Cultural, y que dirigirá Ana Melo.

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