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Oswaldo Lares presenta a Venezuela, entre cuentos y cantos

La tradición venezolana no solamente se cuenta, también se canta. Y es que Entre cuentos y encuentros, -obra investigativa del maestro Oswaldo Lares, quien es arquitecto, profesor, locutor y músico de corazón - se da un maravilloso viaje sonoro y visual, de cada uno de los lugares más emblemáticos y ricos en costumbres, de Venezuela.

Y es que los archivos recopilados del maestro Lares que datan de la década de los 60’, hasta los 90', se expondrán al público a partir de este domingo 3 de diciembre, hasta el 18 de febrero del año entrante, a todas las personas que tengan la oportunidad de asistir, a la sala ABRA del Centro Cultural Los Galpones, en Caracas.

“En esta exposición se ven las miradas de todo el proceso investigativo que mi papá –Oswaldo Lares- hizo a lo largo de los años. Sus registros, más una serie de fotografías y música que muestran la gran diversidad de culturas, extraídos de los lugares que él visitó y documentó. Es lo más parecido a un archivo vivo. Es decir, un sinfín de cuentos y experiencias, acerca de los viajes que dio por toda Venezuela. Vamos a exponer 24 diapositivas llenas de historia y emociones, para que la gente se vincule con la tradición venezolana. Además, colocaremos instrumentos típicos de las regiones, como las bandolas, por ejemplo, para que el público las pueda apreciar”. Manifiesta Guillermo Lares, quien es arquitecto e hijo del maestro y encargado de llevar a cabo la exposición.

En la conferencia de prensa que se dio en la sala del Centro Cultural, padre e hijo representaban, lo que sería la exposición que va entre recuerdos, anécdotas y algo más. “Hay cuatro tipos de Bandolas, -explica el maestro Lares- está la llanera, la cordillerana, la guayanesa y la oriental. También va a estar la bandolina y una doble bandola que es más nueva, esas las podrán apreciar en la exposición”, afirma el maestro Lares.

Diapositivas de los viajes del maestro Oswaldo, en su recorrido por Venezuela

Mientras le seguía su hijo Guillermo, quien se encargaba de explicar los detalles técnicos de la misma. “La exposición lleva ese nombre, porque dentro de las grabaciones que hallamos, hay música y también entrevistas de los lugareños que conoció mi papá. Es por ello que la exhibición será sonora y visual. La idea es que la sala se traslade a ese ambiente, al lugar y a esa época de los 70’ y 80’, para que la gente lo sienta. También tendremos tabletas, donde se reproducirán dos cada día, de los programas de radio realizados por mí papá, para que las personas tengan la oportunidad de recordar, gran parte de esa historia que nos identifica. Cabe destacar que esa misma programación, será transmitida por internet, para los que no hayan tenido oportunidad de venir a la sala, la escuchen”, manifiesta.

Al instante, con voz pausada y mirada aguda, interrumpe el maestro. “Guillermo, sabe más que yo de mi archivo y de todas las personas que he entrevistado. Ya yo ni me acuerdo de quienes pasaron por mi estudio, pero por su trabajo exhaustivo, él está más empapado que yo”, -manifiesta mientras trata de hacer memoria- yo adopté una manía que era recopilar música e instrumentos y todo lo que me llamaba la atención. Por ejemplo, un sombrero curioso que hay por ahí, también las partes de un vestuario, artesanía y de todo lo que me interesaba, referente a mi país, eso va a estar en la exposición”, explica Oswaldo Lares.

Un disco que recopila toda la esencia de su obra

“También se dará un concierto el jueves 7 de diciembre, a las 5:00 pm en la sala G17, con el lanzamiento del disco, Música de Venezuela que es una recopilación del archivo musical de mi papá y que se da en coproducción, con el sello alemán Tall Music. Que contará con la presencia de artistas venezolanos como, Dámaso Mendoza ‘Kiko’, Rafael Camatagua, cantante de joropo tuyero, proveniente de Yare e Isaac Sasson, con su proyecto memorias del canto campesino. 50 ejemplares están a la disposición en la sala, para todo aquel que desee conservar una pieza importante, de la cultura musical venezolana”, manifiesta Lares hijo.

Mientras con admiración, prosigue su padre. “Guillermo escuchó toda la obra completa y con una óptica europea, tuvo la libertad de escoger piezas que yo ni siquiera, me hubiera atrevido elegir, -afirma el maestro Lares- por ejemplo, colocó el toque de las campanas de la Iglesia, de los diablos de Chuao, en el estado Aragua. A mí se me ocurrió grabarlo, porque era diferente a todos los que había escuchado, claro, la tocaban con palitos. También hay otras representaciones como, el canto del pilón, de Marciana Gómez Manzanillo. Un canto guajiro de amor y un punto oriental. En la obra se engrana la cultura y tradición venezolana, mezclados con la africana, europea y la nuestra, es ahí donde nos damos cuenta, de lo parecidos que somos todos”, afirma el investigador Lares.

Guillermo desde su juventud, ha escuchado los cuentos y las andanzas de su padre, cuando recorría Venezuela en su investigación, y preocupado por plasmar las riquezas e identidad del país que los vio nacer, emergió este proyecto. Y lo más importante, dejar un legado para las generaciones futuras que no han tenido la oportunidad, de conocer a través de la música y sus imágenes, la cultura y tradición de cada región venezolana. “En realidad es un patrimonio para todos los venezolanos. Yo estoy casado con este proyecto y tengo el privilegio de hacerlo. Si nadie se encarga de esto, se pierde, -comenta Lares- porque yo en realidad soy es arquitecto, pero también hago investigaciones sonoras y me di cuenta que este trabajo, no tiene fin", manifiesta. 

"Me ha pasado que siempre nos llaman y nos piden piezas que nadie tiene. Esto genera oportunidades de difusión y eso a nosotros nos interesa. Esto es una joya y lo bello es poder hacerlo con él vivo. Es un homenaje a él, mejor, porque él lo disfruta más que yo. Mi papá no para de recordar y con cada uno de sus cuentos, él revive todo de nuevo y lo que más me gusta, es que con este trabajo, hemos podido recorrer esos mismos lugares y conocer, de lo que tanto he oído. Ahora, con todo este material recopilado, tratamos de hacer una fuente de investigación que va a estar aquí, hasta el año que viene, en tablas, dentro de la sala, para que todos esos músicos o personas que deseen realizar trabajos investigativos, lo puedan hacer, con el archivo sonoro de mi papá", comenta Lares.

Presentaciones con cantos y bailes, tradicionales de Venezuela

"Proyectos muchos, los siguientes están por realizarse, como la plataforma musical y más exposiciones, pero en este tipo de procesos, tenemos que ir a su ritmo, porque mi papá ya tiene 85 años y tenemos que entender que los tiempos para cada cosa, son los que son. Entonces, no hay que apurarse, pero lo vamos hacer”, finaliza Guillermo Lares, preparador de la obra sonoro musical del maestro.

Anécdotas

Los relatos del maestro que recorrían el país, iban y venían, como un vivo ejemplo de lo que será la exhibición. “En el año 78’, vino a Venezuela Léopold Sédar Senghor, Presidente de Senegal y el señor Carlos Andrés Pérez. Nos pidieron que hiciéramos un concierto, para darle la bienvenida. Él iba a inaugurar una exposición de arte africano, en el museo de ciencias de Caracas. Nos colocaron en uno de los pasillos, donde tocaríamos 45 minutos de música nacional, pero no sabíamos por dónde comenzar. Juan Liscano, estaba con nosotros más el selecto público. Así que decidimos tocar todo lo afro-venezolano que se nos ocurrió. Tambor de la mina, cantos de la costa y también cantos antiguos del minero del callao que eran en inglés y -que cantaban los marineros galeses, llegando a las Antillas. Cuando estaban trabajando y venía el capataz, ellos hacían una seña con la vela, ellos dejaban de cantar. Porque era un canto de protesta, del siglo XIX y en la estrofa coreaban, ‘vuela el capataz’.- Además, también tocamos el calipso de nuestra tierra. Entones al finalizar, el Presidente de Senegal, se nos viene encima y nos dice, ¡‘qué maravilla, yo pensé que esto iba a ser un concierto de protocolo y resulta que me han hecho revivir la época de mi infancia y juventud! Porque los ritmos que ustedes nos tocaron con esos tambores, ya en África no existen. Ustedes los tienen originales, de la época del siglo pasado y de nuestra tierra”, recuerda el maestro Lares visiblemente emocionado.

Su hijo Guillermo, no se queda atrás, cuando de contar anécdotas se trata. “Nosotros escuchamos el reguetón, pero mi papá me cuenta que en su época, se escuchaba era el mambo, el cha-cha-chá y la música mejicana que no era de nosotros, pero se oía en la ciudad. En las zonas rurales, en las afueras de la capital, se tocaba la música tradicional. Igual que pasa ahora, con la diferencia de la música moderna, es decir, las modas pasan, pero lo tradicional queda y se conserva. Por ejemplo, tu escuchas ahorita los tambores de Choroní y son los mismos de hace 40 años. Eso está en el archivo que recopilamos. Es lo más bonito de nuestra cultura, que las tradiciones perduran en el tiempo. Juan Liscano que fue el primero que grabó música venezolana en el año 49’, nos muestra que hay diferencias y eso nos ayuda a entender que existe un proceso que se va transformando, a través del tiempo, pero la esencia queda. Nosotros vivimos en un país potencialmente rico y debemos aprovechar esa oportunidad. La mayoría de los grandes movimientos musicales, parten de la música tradicional, para hacer la de autor, sea cualquier género”, afirma Lares hijo.

Asignatura pendiente

“Un estilo musical pendiente por cubrir fue la parte de los Andes, donde menos investigué, porque no me atraía mucho por ser más sofisticada. Había demasiada presencia de bandolinas y violines, por una razón. Es la zona más alta y no hay tanto oxígeno por lo tanto no hay bailes violentos. La gente se cansaría muy rápido. En cambio en la costa que es donde hay más aire, está el tambor y la alegría con la presencia de la música afro-venezolana. En toda Suramérica es igual”, manifiesta el maestro Lares.

Exposición abierta al público a partir del domingo 3 de diciembre, hasta el 18 de febrero del año entrante, en la sala ABRA del Centro Cultural Los Galpones, en los Chorros, Caracas.

La obra del maestro Lares, se da gracias al aporte de ArchivOlares, del Fondo Internacional de Coproducción del Goeth-Institut, instituto Goeth de Caracas, Fundalares y ABRA.

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